lunes, 4 de agosto de 2008

Soñar es atar tu carreta a una estrella

¿A quién le afecta si uno sueña con lo que no ha de ser?

Media humanidad, en algún momento de su vida, ha soñado que conquista lo inconquistable, que logra lo que es imposible. ¿Cómo sería la vida de esta gente, y mi vida, si hemos de renunciar sin más a las fantasías más locas y bellas? Y si no se ejercita la mente para disfrutar algo de lo que no se tiene, ¿qué haremos si el destino nos conduce a poseerlo?

Más vale soñar un poco, disfrutar en nuestro interior lo que queramos. Estando en prisión podemos sentir la libertad, si somos ciegos podemos imaginar la luz, o paralizados podemos correr... No hay límite para lo que podemos imaginar.

Un premio de la lotería, la pareja perfecta, el empleo más satisfactorio, un paseo por las nubes, la frescura del agua en una tarde cálida, el calor del sol en lo crudo del invierno. Si todo esto no puede ser en la vida real al menos nadie puede sacarlo de nuestra mente; es nuestro, propio, personal.

Todos los días podemos lamentarnos por lo que no tenemos y ponernos verdes de que alguien sí lo tenga. O podemos abrir nuestra mente unos minutos al día, y sentir el placer que da tener lo que sea, lo que queramos.

Cuando era niño tenía en mi cuarto un cartel que decía "Soñar es atar tu carreta a una estrella". No recuerdo cómo llegué a tenerlo, pero sí recuerdo que no lo entendía. Sólo lo llegué a comprender, un poco, cuando descubrí ya siendo adulto que no visitaría infinidad de lugares, no conocería millones de personas, nunca probaría muchas delicias, no vería todo lo que quisiera ni disfrutaría millones de sensaciones nuevas, de las que mi espíritu estaba ansioso.

Desde entonces, cada vez que puedo, me permito soñar.

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